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Pequeña Gaviota. Capitulo Uno.

Una vez empece a escribir una pequeña historia, un cuento. No muy corto y aun no le he dado final... admito que aveces no tengo los ánimos para seguir escribiendo, porque tengo que sentir que las circunstancias, el momento y la inspiración me llegue justo en el instante que voy a empezar, sino no puedo hacerlo, porque requiero de un espacio tranquilo, donde no tenga cosas pendientes que hacer ni trabajos esperando. Creo que para poder algún día hacer un libro completo (que es una meta), debo ir a un campo donde vea el sol entrando por las ventanas en la mañana, en una cabaña de esas de madera, con montañas a la vista y el sonido de aves... lo veo apropiado para inspirarme.


Dicen que una de las cosas que hace que se califique a un hombre como realizado es escribir un libro, agradezco el hecho de que me gusta la idea.


La historia es relatada en esa época de los años 90, cuando todavía se creía que había un poco de esperanza en la vida y el mundo, antes de que todos se pregunten ¿donde esta el amor? En uno de esos campos de mi país, de un lugar que le llaman "La linea", allá donde el sol reina y el silencio es dueño de los días, un lugar que al ir llegando ves a las personas mas tranquilas y el tiempo corre mas despacio, esos campos ocultos, donde vive gente noble, pero las cosas empiezan a cambiar. 


Bueno aquí les dejo el primer capitulo, espero pronto terminar el segundo y subirlo también.


PEQUEÑA GAVIOTA.


Silencio en el pueblo.

Las cinco de la tarde, era miércoles. El cielo estaba despejado, no quedaban sueños en el firmamento. El sol calentaba el agua del bebedero de las vacas de Julio, padre de Carlitos. Mientras debajo de aquel árbol gigante se encontraba el sentado en su silla favorita, de guano. Miraba el horizonte, pensativo, como si estuviera esperando algo. Era el mes de marzo, y todavía no habían llegado los camiones del almacén de Don Antonio, el más rico del poblado. Ahí era donde Carlitos desmontaba cajas de licores hasta tarde en la noche, trabajaban algunos quince muchachos jóvenes para a eso de las doce de la media noche recibir de Don Antonio 200 pesos que les servían a Carlitos y su familia para comer durante dos semanas. Se los entregaba en su oficina a la entrada del almacén, fumando un habano. No miraba sus rostros, solo pagaba y se retiraban.

Ya habían pasado dos semanas y media y no se veía el polvo de la carretera levantado por los camiones de licor. En casa de Carlitos las cosas no andaban muy bien. Su padre acababa de llegar del pueblo donde recibió la noticia de que no le tocaría pensión por la empresa que trabajo. Estuvo luchando por cinco meses en eso y al final los viajes a la ciudad acabaron con casi todos sus ahorros. Era desesperante escuchar a Marta, la madre de Carlitos expresando su indignación en contra de los dueños de empresas, los ricos.

Tenía 16 años y ya había terminado la escuela. Esperaba algún día ir a la universidad, en el pueblo, donde las luces de las maquinas dejaban ciegos a los transeúntes, donde nadie se conoce y  caminan muy rápido, porque no tienen tiempo para ellos mismos.  El tiempo corría muy lento en esos momentos, Mirar al cielo era como ver al horizonte donde llegaban las imaginaciones más grandiosas, donde las nubes dibujaban figuras pálidas e imponentes. Era extraño que el pueblo estuviera tan callado, no había casi vecinos en los alrededores, los niños del señor Horacio no correteaban con sus palos y llantas de motocicleta. Carlitos despertó de su sueño imaginario y se percato de que algo había sucedido.

Al momento de levantarse de la silla aparece su padre saliendo por la puerta de la casa, agachando la cabeza por su estatura – Carlitos, ven entra pa’ tu casa que la cosa no andan bien. No vaya a ser cosa... - Pero… ¿qué es lo que pasa? Replica Carlitos. – Ven! Entra ahora que te digo aquí, no se puede andar hablando duro, entra ven! – Mirando a su padre con los ojos extrañados y con la pregunta en su cabeza entro a la casa mientras Julio sostenía la puerta y miraba a los alrededores. El pueblo estaba desierto.

Julio se sirvió una taza de café recién colado y se sienta en una silla del comedor. – Mira Carlitos, no me vuelvas a salir hoy de aquí hasta que se calme la cosa. – Pero dígame papa que no sé qué es lo que ta’ pasando, responde Carlitos sentándose en la silla frente a Julio. – Cuando llegue de la  ciudad - cuenta Julio – vi en el almacén de Don Antonio a su hermano y dos policías con el vecino que vive frente al almacén. Cuando yo veo eso de una ve digo que algo raro pasa porque el almacén ‘taba cerrao también. Ah po’ cuando cojo la cueta de Marinita ella me llama y me dice algo que nunca era lo que yo me eperaba. – ¿Y qué fue lo que paso? Pregunta Carlitos abriendo los ojos. Julio se acerca a Carlitos y le dice en voz baja… - ¿Tu quieres saber que fue lo que paso...? Mataron a Don Antonio.

Comentarios

  1. Hola Luis, nos has dejado en suspenso jeje. Quiero decirte que no te desanimes de escribir, buena introduccion! Te cuento que cuando que en mi adolecencia escribi varios cuentos, era mi pasatiempo favorito. Luego, cuando me hice mas adulta, las ocupaciones de la vida como que me quitaron la inspiracion. Sin embargo, un dia comencé una historia y despues haberla terminado le hicieron un back up a mi pc y se me perdio el archivo, asi que la escribi de nuevo y para poder terminarla pasaron mas de dos años, casi tres. Creo que a todo el mundo se le va la inspiracion de vez en cuando, pero para cuando la inspiracion regrese hay que tener "lapiz y papel" a mano y aprovechar el momento. Algo que compromete a uno es darle a leer a alguien lo que lleva escrito hasta el momento. La idea de publicar tu primer capitulo por aqui te dará cierto impulso para seguir, se que muchos querrán saber el final de la historia.

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  2. Gracias Mayre!! Son de animo tus palabras para continuar. Tu también da a conocer lo que hallas hecho y eso te hace sentir que compartes algo de ti :)

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